Entrada #47.

8 Agosto, 2006 @ 6:47 pm — General

Tengo que reconocerlo,… Estaba bastante aburrido, así, y dado que había comido ya, cogí el coche y me dí una vuelta. No estube ni quince minutos conduciendo. También de esto me canso rápido. Decidí aparcarlo y darme el paseo andando, y casi inmediatamente ya había aparcado y andaba calle arriba, dejaba un colegio detrás y pasaba por las casas adosadas. Crucé dos carreteras y me topé con tres personas. Dos chicos jóvenes tenían el maletero abierto al final de la calle y sacaban algo de dentro, el otro hombre estab en la esquina hacia donde yo me dirigía y me miraba demasiado… Quizá este también sienta curiosidad. Los pasé a los tres sin que este último hubiese encontrado el qué a mi cara. Y paré un coche al pasar el paso de cebra. Esto me metía de nuevo en una nueva calle, esta cerrada por pisos a una y otra banda, y poblada por tiendas cerradas y algunos bares abiertos. Me salté el primero y me metí en el segundo. Me recibió antes de todo el aire acondicionado y la lámpara de luz ultravioleta (contramosquitos), poco después me saludaba la camarera (que bastante tenía con lo suyo) y pedía un café con hielo. A las pobres las estaba rayando un impresentable. Los dueños del bar eran chinos, una mujer madura que no entiende español y tres niñas de 15 a 19 años, tambíén había un niño de unos cinco años (chino tb.) y tres ordenadores con conexión que ahora mismo estaban ocupados.

- Jeje… Chinita, a ti te gusta mucho el chocolate!!?. -Lo cliché rápido el personaje debía llevar rápido increpando a la china. Aunque me dieron ganas de pirarme me quedé y me senté en unas de las meses a tomarme el café mientras escuchaba más que otra cosa.
El personaje debería rondar los cuarenta, pero no se si sería la cerveza, o el pelo cano, o ese porte de haber trabajado en la obra lo hacía más viejo de lo que realmente sería. No muy alto, delgado con pantalones tejanos y camiseta y zapatillas como cualquier otras. Apoyado en la barra no podía ni esconder la risita cabrona que se nos suele escapar cuando estamos jodiendo a alguien. Mueca, golpe de cerveza. Insultos… La verdad es que en un principio, y contando el asco, me daba más pena que otra cosa, así jamás conseguiría nada.

- Ehhh!!,.. Señora china tonta, una cerveza, guarra. -Se dirigía a la madre. Una china madura que muy probablemente jamás aprenda a hablar el español,… en cuanto a lo que entendía no podría asegurarlo a ciencia cierta, pero casi que apuesto por ‘no demasiado’.
- Tú Liu eres tonta por no querer ponérmela!- , señalaba con el dedo a la chica jóven. Le pegaba un trago a la cerveza.
- Putos chinos.- A estas alturas yo ya me había hecho con un periódico que ojeaba y me apartaba bastante de la pseudoconversación. Aunque la verdad es que ya me caía realmente como el culo. En estas que no sé si por algo que dijo al final o por daños acumulados la chica joven pierde el control y le grita que se vaya,… Todos dejamos de hacer lo que estábamos haciendo y les miramos a ellos, y nos miramos perplejos unos, y molestos otros. La chica estaba sentada en un taburete y le señalaba la puerta, el hombre no sólo se negó a salir sino que la llamó puta (el sabrá pq.), subiendo un grado más en la escala de ofensas, y aquí fué donde se encararon el tiparraco y un chico bien vestido de mi misma edad, quizá unos años mayor y mucho más grueso (de esa grasa que parece transformar algunos gorditos en buenos tipos, o por lo menos legales).
….
- Te está diciendo que te vayas. Qué cojas la puerta y te vayas a otra parte.- En estos momentos no se miraban. El tio se da la vuelta y mira a los ordenadores. Está entre sorprendido y molesto. Sabe que todos queremos que se vaya, yo dudo que se aguante él. Discuten un poco y ninguno cede. El tipejo esta cabreado, en realidad los dos se han cabreado, pero el capullo sabe que nos tiene a todos en contra. Al minuto se gira, todavía hay algo que le pica, además provoca insultando a la pobre china.
- Me miras.
- Sí que pasa.
- Nada, puedes mirarme.
- Tendrías que irte…
- Va a ser que no…
Y aquí acabó todo entre ellos,… A mi estas cosas la verdad es que me hacen gracia. A mi también se me escaparon algunas frases en voz alta, apoyando a un bando, pero la verdad es que prefiero no mezclarme y seguir mirando. Con todo las cosas seguían más o menos igual. A saber, yo seguía sin mi conexión, y la china seguía recibiendo aunque menos, desde el ‘cara a cara a distancia’ el personaje había diversificado más, al niño pequeño ya lo había llamado Capullo, Cabezón, Chino Cabrón, Hijos de Puta y alguna de sus variantes individuales o en grupo, y alguna más que no recuerdo ahora. El pequeño lo único que hacía y me hacía cierta gracia era el típico gesto ancestral de venganza,… Quizá poner mala cara y levantar el puño.
Cuando se metió con el niño no pude evitar uno de mis dos comentarios velados por el diario aunque en voz alta y que seguro escuchó el paleta, aunque no se dió por aludido porque no me dijo nada.
Al poco vuelve a llamar gorda a la china y cuando ella le contesta la vuelve a llamar puta. El tío del ordena se vuelve a encarar con él de manera parecida, y aunque lo miro, la verdad es que no me acuerdo que dijeron. Entra la chica que al parecer iba delante mío y que estaba en la terraza, y coje el ordena que dejan las dos chinas más jóvenes. Me quedo con cara de tonto, pero ya estaba convencido que no iba a moverme de ahí hasta que entrase de alguna forma… Pensaba en sobornar a alguien cuando entraron dos mujeres; una pelirroja acompañaba a una rubia (las dos teñidas), la rubia tenía un collarín en el cuello. La camarera se adelanta a ellas y les acerca dos cervezas antes de que hubieran acabado de sentarse.

- No, no, cerveza no, ponme dos chupitos de whisky.- No tardan mucho en darse cuenta del panorama y la peliroja calla más de dos veces al tipo que les suelta alguna brava. Discuten otro rato esta vez tienen ellas más habilidad y lo desarman rápido (que siempre es más bonito contenerse o hablar pa na). Entonces me doy cuenta que estos tres se conocen por lo menos de vista. Pronto abandona el paleta la cruzada.

- Da la vuelta al tamburete y se empieza a meter con las chinas, pero esta vez no es una sola, son las tres primas sentadas en sillas las que se rien de él. Sobretodo la chinita de gafas, que me hizo reir más de dos veces. El tio se rinde muy rápido y con la sonrisa congelada intenta hechar la caña en la mesa de las puretas. Aunque ellas tampoco le vayan a dar tregua.
Poco después me dejan el ordena libre y desconecto.
Cuando me fuí seguían todos allí, aunque había llegado mucha más gente y la cosa se había ‘normalizado’, volví a cojer el coche y cuando faltaban veinte metros empezó a llover. Puto agosto del carajo.




You must be logged in to post a comment.