En La Silla Eléctrica.

28 Junio, 2006 @ 3:15 am — General, DIVAGANDO

Empieza a amanecer pero apenas se distingue el Sol entre las montañas del final del valle. Mirar a través de las rejas nunca fué lo mismo que levantar las persianas y abrir de par en par las ventanas. No hay pared de hormigón que pueda comparse a ninguna pequeña arboleda en el horizonte. Muchas veces últimamente, como ésta, se las pasa pensando en las consecuencias de los actos, y como estos mismos, llegan a producirse. Se le suele poner mal cuerpo cuando recuerda, y es que es un peligroso cóctel al que lleva enfrentándose años. Mirando en la penumbra, al azar trata de bajar de su particular montaña rusa, los sentimientos se le cruzan, entrecruzan y enlazan haciendo que al final y dado lo estrecho de la celda misma acabe concentrado en alguna oscura esquina. Es por esto que prefiere mirar detrás del embarrado. Al menos la mayoría de las noches encuentra la luz de la Luna. Contadas son las veces que sale al patio, la última hace ya una semana, y cómo siempre, lo hacía cuando los demás presos estaban en sus celdas.
Recuerda y recuerda, cada uno de los momentos, antes y después desde que el juez dictó sentencia hasta lo que cenó hace unas horas. Cuando era niño, su corta etapa de estudiante, todo, pasando por lo que para él será siempre un desdichado accidente que le dió el giro definitivo a su vida. Con la libertad perdió hace tiempo muchas más cosas de las que el se pensó en un primer momento, como la cordura o la sociabilidad por poner algunos de las conclusiones a las que él mismo acabó llegando. Aunque en el fondo sea algo sensible en la prisión se ha ganado el respeto de ’sin miedo’.
Es muy consciente del día en que se encuentra, hace ya mucho que lo espera, hace poco se dió cuenta que en realidad hace mucho más tiempo que lo espera de lo que hace que lo teme. Aunque el temor nunca llegó a ser importante. Si alguien se lo recordaba le pegaba y si se atrevían a tocarle los mataba, así que nadie se lo recordaba y a él no le gustaba planteárselo: “Al final le asignaron una celda para él solo en la planta baja ala este, para que no volviesen a repetirse aquellos problemas puntuales tan frecuentes” (palabras textuales de un funcionario).
Pero todo eso ahora carece de importancia. Finalmente llaman a su puerta. el ruido del metal contra el metal resuena en toda la galería. Todos escuchan en silencio pues no se percibe ronquido alguno. El paseo hasta la silla eléctrica no es demasiado largo, lo tienen en la misma planta, él se imagina que va otra vez hacia le patio, aunque en realidad sabe que va en dirección opuesta. Los mismos pasilllos, las mismas puertas, en realidad toda la cárcel da esa sensación. Ahora recuerda una de las primeras frases que le soltaron al llegar: Todos comentan que cuando entras todos los pasillos te parecen el mismo, aunque no todos conducen a los mismos sitios. Y se cabrea consigo mismo por si no tuviera otras imágenes que evocarse en la recta final. Por fin se abre la última puerta que da entrada a una habitación parecida a un hospital pero con una silla un poco diferente de la del oculista. Entonces es cuando enloquece, y apenas lo sujetan a la silla empieza a blasfemar primero y monologuear después. Sólo lo interrumpen muy cortésmente por si quiere dejar algunas palabras más antes de morir, de estas que queden para la eternidad, a lo que él respondió:

Me vais a tener que matar de miedo cabrones, porque si es de risa aún lo conseguiríais… Y no paró de reírse hasta que la descarga hizo su trabajo.

Incluso hoy, años después hay quién afirma al día siguiente pálido y apocado que una voz lo despierta por la noche y algo que no ve lo agarra del cuello exigiéndole su catre, pues quiere ver la Luna.


Comentarios (2) »

  1. Lilith says:

    Uau….

    Posted the 30/06/06 at 7:29
  2. Iriox says:

    Mario Ramos

    Muy buen blog, Felicidades !!!

    Posted the 13/07/06 at 20:01


You must be logged in to post a comment.