Salvado por un sueño
11 Noviembre, 2006 @ 12:40 am — ELLAS — 1 CommentSaco a pasear sensaciones, y vuelvo a casa sabiendo que me falta algo. Conocerás tu esa sensación?. Incompleto como estoy creía haberlo hecho todo. Pero no, sigo sin saber que es lo que no entiendo. Saco la baraja y pongo la duda junto al resto. En el fondo siempre me gustó al Tarot,… Todo joven que se precie hoy en día, conoce el poder de ‘Magic’. Hay cartas, incluso, que invocan monstruos. El Tarot siempre tendrá la muerte junto a la fortuna. El amor y el odio, e incluso, puede que también la indiferencia. ¿Cual será la peor de todas?. Me pregunto mientras soy fustigado por todas ellas. Sin duda la peor de estas sensaciones sea el amor no correspondido, y sin haberlo nunca conocido yo me atrevo a decirlo,… quizá es que siempre fui un poco radical. Triste como estoy vuelvo a sorprenderme aullando. Un pelo se me mete en la boca y por una vez deseo que el lobo descanse.
CUANDO EL LOBO MUERA.
El lobo aún vive. Escucho como me persiguen sus aullidos las noches de Luna. Su pelaje mitad de un especial blanco y mitad de un gris plateado que te abstrae, se confunde con la maleza y los arbustos; sólo lo percibo. En un instante lo tengo al lado. Arranco a correr tras ella, y me encuentro persiguiendo a una loba por el bosque, como dos sombras atravesando el río intento seguir sus pasos.
Sí, el lobo aún vive. Es ella quién esta ahora aullando en la colina. Y aunque la escucho perfectamente y se leer sus mensajes todavía hay cosas que me pide el instinto. Escucho pasos, percibo un rastro que me deja el viento. Veo hojas en el suelo, pero me muevo ágilmente, sin hacer ruido vuelvo a deshacer el camino hasta encontrar la escena que mi cerebro ya está imaginando. No es el venado lo que busco, ralentizo el paso por detrás de él sin que pueda escucharme, pero me ha visto, parece ser que no me ha servido para nada mi pelaje negro. Siento como se me inyectan en sangre los ojos y el color del whisky va ganando años, es decir, intensidad y brillo. La presa se escapa con sus ojos fuera de las órbitas, ha sido demasiado el ruido que hemos montado. Me oculto y me quedo quieto, tengo que volver a encontrar el rastro. Aunque el río esté al otro lado del prado puedo oír como fluye el agua. Nada más. Poco después resuena el ruido hueco y sordo del crujir de un árbol. Una lechuza alza el vuelo desde una rama y lo que parece una presa atraviesa el prado hacia las rocas del fondo, aunque está muy oscuro lo puedo ver todo, y convencido de vencer dejo la oscuridad e intento ser rayo, no me doy cuenta del leve ruido que causan las hojas que se habían adherido al vientre mientras caen al suelo con el ajetreo. Pero la verdad es que también carece de importancia, pues en segundos me he acercado por el flanco acorralando a la cabra contra las rocas más escarpadas e inaccesibles hasta para ella. Paredes de piedra que se sorprenden al igual que yo cuando de un salto le muerdo el cuello sacudiéndolo salvajemente. Saciado de sangre sigo muriendo por dentro.
No pienso en nada mientras recorro el camino de vuelta. No le doy importancia a ninguna señal, mientras vuelvo a subir la colina. Me siento poderoso volviendo a recorrer el camino en tiempo récord. Cuando llego arriba allí está la Luna, como siempre en el firmamento… Empiezo a aullarle desconsoladamente, el vaho que sale del morro sube lentamente velándola. Vuelvo a aullar marcando mucho más el gesto y junto a la baba y los restos de sangre que se pierden barranco abajo, empiezo a creer que se van gran parte de mis sueños. Pues estoy llamando a la loba con la que crucé el río. Y que una vez me crucé en mis sueños. Así pasé entera aquella noche, y muchas de las que siguieron… Ella debe estar buscando su cabra, pensando en Zeus y todo lo que hizo por ella…. Moriré aullándole a la Luna de nuevo.
Pues así como el amor siempre prevalece sobre las emociones; la vida, en cualquiera de sus dos facetas a de ganarle a este. Que tristes son, cada vez más mis alaridos, yo se que pido las estrellas. Y sé que no va a romper el pacto sin saber que es lo que salva.
‘Intelligenti pauca’.